Decálogo sobre los sobre beneficios de la actividad física

  1. Las personas físicamente activas disfrutan de una mayor calidad y esperanza de vida, porque padecen menos las limitaciones que normalmente se asocian con las enfermedades crónicas y el envejecimiento.

  2. Los beneficios que el ejercicio aporta a la salud pueden notarse si se realizan actividades físicas moderadas, y son más evidentes en las personas sedentarias que cambian sus hábitos. La actividad física se asocia a una reducción del riesgo de padecer afecciones cardíacas, en la prevención de la diabetes, en la disminución de la tensión arterial y en la reducción del desarrollo de cáncer colorectal.
    Además, hacer ejercicio de forma regular puede ser beneficioso para las enfermedades que afectan a los músculos y a los huesos, así como para mejorar las condiciones mentales y el estado de ánimo.

  3. Existen pruebas cada vez más evidentes de que la reducción de los niveles de actividad física es un factor fundamental en el incremento de la obesidad.
    De hecho, la cantidad de actividad física que se realiza puede ser un factor incluso más determinante en el desarrollo de la obesidad que la ingesta energética (kilocalorías).

  4. Una baja participación en las actividades deportivas, la ausencia de interés en las mismas y un alto número de horas de permanencia sentado en el trabajo son predictores significativos de la obesidad. Esta misma situación se observa en niños y adolescentes, vinculado fundamentalmente a actividades como ver la televisión, jugar con las videoconsolas, utilizar el ordenador, etc.

  5. Los pacientes obesos que realizan actividad física colaboran mejor con el cumplimiento del plan alimentario y es uno de los factores relacionados con el éxito a largo plazo del mantenimiento del peso corporal.

Llevar una vida físicamente activa produce numerosos beneficios para la salud, tanto a nivel físico como psicológico.

  1. La combinación de una dieta equilibrada y ejercicio acelera la pérdida de grasa preservando o aumentando levemente la masa magra, y previene o desacelera la disminución del gasto calórico basal que ocurre en la realización de una dieta.

  2. Es comúnmente aceptado que es necesario el equivalente a, por lo menos, 150 minutos por semana de actividad física de moderada intensidad para obtener mejoras en el nivel de salud. Sin embargo, podrían ser necesarios mayores niveles de actividad física para mejorar los resultados de pérdida de peso a largo plazo.

  3. En los deportes de alta intensidad, los hidratos de carbono son el combustible de elección. Por ello, las manipulaciones en la dieta, como una ingesta incrementada de carbohidratos previa o durante el ejercicio, tienen el potencial de influir favorablemente las capacidades de entrenamiento del deportista.

  4. La literatura científica disponible no documenta diferencias en la utilidad de los distintos tipos de carbohidratos (simples, como la sacarosa, o complejos) como sustrato energético durante la actividad física.

  5. Dentro del contexto de la Unión Europea se ha observado un descenso de la actividad física y un incremento de las actividades sedentarias. España no se presenta ajena a esta situación, ubicándose por debajo de la media europea en cuanto a actividad física.

Más información Icono PDFActividad física, factor clave en la prevención de la obesidad